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L´Eixample

L’Eixample es un amplio espacio urbano de Barcelona, muy bien delimitado, que se caracteriza por la uniformidad de las cuadrículas.  Dicho espacio quedó definido en 1859 por un plan urbanístico para ordenar el crecimiento y la modernización de la ciudad que el ingeniero Idelfonso Cerdá presentó al Ministerio de Fomento en Madrid.

La palabra eixample, en castellano ensanche, en España tuvo mucho éxito en el siglo XIX. Define un proceso histórico de crecimiento de las ciudades que se estaba produciendo simultáneamente en todos los países industrializados. En otros países no es frecuente el uso del concepto ensanche, en su lugar encontramos que el proceso se define como crecimiento, expansión o modernización urbanaa.  Nadie usa el concepto “widening of New York”,  y pocos utilizan la idea de “élargissement de Paris”. En catalán y en castellano la palabra se utilizaba con diversos significados desde la edad media. El principal se refería al trozo de tela que se deja en los vestidos para poderlos ensanchar cuando una persona engorda.

Lo que había ocurrido en Barcelona en los ciento cincuenta años previos al plan de Idelfonso Cerdá fue que la ciudad había crecido en población, edificios, fábricas. Había engordado y se sentía encorsetada, apretada en el recinto mediebal con unas murallas que los responsables militares no permitían derribar. La ciudad perdió su régimen municipal, al mismo momento y al igual que Cataluña perdió sus fueros y privilegios después de la derrota en 1714 que concluyó con la Guerra de Sucesión. Una de las consecuencias de dicha derrota fue que Barcelona quedó asimilada a plaza fuerte estratégica y por lo tanto sus murallas y extramuros quedaron bajo la autoridad militar. No se podían levantar edificios delante de las muralles en la distancia que recorria una bala de cañon de principios del siglo XVIII. A lo largo de un semicírculo que va desde Montjuïc hasta Sant Martí de Provençals el terreno debía quedar diáfano para la defensa de la ciudad. Se podía cultivar y los propietarios mantenían la titularidad, pero aquellas tierras estaban sujetas a la autoridad militar en lo referente a su uso.

En consecuencia, el enorme crecimiento que se produjo durante los ciento cincuenta años siguientes, que nadie había previsto, dieron lugar a que la ciudad creciese sólo en altura dentro de las murallas. Barcelona llegó a ser una de las ciudades más densas del mundo. En 1714 se calcula que en Barclona vivían unas 35.000 personas hasta llegar a 187.000 en 1850, antes de que se derribasen las murallas. La vieja ciudad había sobrevivido haciendo crecer en altura sus edificios en unas calles medievales estrechas y poco salubres.

No es de extrañar que la idea dominante de la población y sus dirigentes fuese la de  proceder a un “ensanchamiento” y permitir un desahogo a una situación que se hacía insoportable. Tan insoportable era la situación que en 1841 el Ayuntamiento de Barcelona convocó un concurso literario para pensar sobre el desarrollo futuro de la ciudad. Ganó el texto “Abajo las murallas” de Pedro Felipe de Monlau, médico higienista. Su exposición de razones fue tan convincente que en 1842, año de dificultades para la industria de la ciudad, se formó una “junta de derribo”, sin permiso cogieron el pico y la pala y empezaron a derruir parte del recinto de la Ciudadela. En aquel momento mandaba en España el general Espartero, que hacía de regente por la minoría de edad de la futura Isabel II. Espartero en lugar de atender las reivindicaciones de la ciudad decidió bombardearla desde Montjuïc en diciembre de 1842, hasta que las algaradas y la peregrina idea de derribar las murallas sin permiso cesara. Luego pronunció la nefasta frase de que “Barcelona hay que bombardearla cada cincuenta años”.

Tal era el deseo de derribar las murallas que desde el ayuntamiento se anunció sin fundamento en varias ocasiones. Cataluña estaba en estado de escepción desde 1843 hasta 1853 y poca cosa se podía hacer. El 23 de mayo de 1853 el ayuntamiento de Barcelona envió a Madrid un nuevo proyecto para derribar las murallas firmado por todos los concejales y el alcalde. Una vez más la idea era simple: derribar las murallas y proyectar un ensanche pero destaca el hecho de que se pedía que abarcase desde el rio Llobregat hasta el Besos. Se trataba de una idea fantástica para la época.

En julio de 1854 se produjo una sublevación promovida por militares y levantamiento civil contra la corrupción y el mal gobierno. Subieron los liberales. Pascual Madoz, diputado por Lérida en las cortes españolas respalgaba el derribo de las murallas, fue nombrado gobernador civil de Barcelona el 9 de agosto de 1854 y el mismo dia se aprovaba la Real Orden del derribo de las murallas. El derribo legal empezó en diciembre de 1854.

A finales de 1854 desde Madrid se encargó a Idelfonso Cerdá un plano topográfico de Barcelona y sus alrededores, trabajo que hizo gratuitamente. Más adelante el propio Cerdá pergreñó rápidamente un anteproyecto de ensanche en 1855 que presento al Ministerio de Gobernación para seguir impulsando la idea central de expansión de la ciudad. No obstante todavía había obstáculos por remover, el espacio circundante a las murallas estaba sometido a la jurisdicción militar y ésta no traspasó sus competencias al Ministerio de Fomento hasta el 9 de diciembre de 1858.  Aquella Real Orden fue interpretada de forma distinta por el Ministerio de Fomento y por el Ayuntamiento de Barcelona. El Ayuntamiento pensó que eran suyas las atribuciones para planificar el ensanche, lo mismo que el Ministerio de Fomento, entre otras razones, entre otras razones éste último lo veía claro porque plurimunicipal, todo el mundo preveía una actuación tan grande que afectaba a otros municipios como Sans, Les Corts, Gracia, San Martí de Provençals, etc.  

El Ministerio de Fomento a principios de 1859 encargó a I. Cerdá un estudio y proyecto de Ensanche, el ayuntamiento creó una comisión y esta convocó un concurso. Se produjo colisión de intereses porque el concurso convocado por el ayuntamiento para decidir que plan de ensanche se seguiría lo ganó el

El 2 de febrero de 1859 una disposición de Fomento encargaba a Idelfonso Cerdá los estudios de ensanche y reforma de la ciudad de Barcelona. En el interín Cerdá había hecho un esfuerzo colosal para entender y documentarse. Estudió las condiciónes de vida de la clase obrera barcelonesa. Como vivían, cuanto ganaban, cuántos eran. En 1856 publicó una monografía estadística de la clase obrera de Barcelona, esta información todavía hoy sigue siendo un material de primer orden para los estudios históricos, y sirvió de base documental para establecer el óptimo de densidades que debería tener la nueva ciudad. El 7 de junio de 1859 por una Real Orden al Ministerio de Fomento acaptaba y daba por bueno el proyecto de ensanche de Cerdá que quedaba reflejado en el “Plano de los alrededores de la ciudad de Barcelona y proyecto de reforma y ensanche” de 1859.  Que acabó siendo la base del Eixample actual.

Todo el asunto del proyecto del ensanche generó un conflicto de competencias. El Ayuntemiento de Barcelona estava convencido de que era de su competencia proyectar el ensanche y convocó un concurso y resolvió el 20 de octubre de 1859 que el proyecto ganador era el del arquitecto Antonio Rovira y Trías.  En los meses siguientes el ayuntamiento envió comisiones a Madrid para intentar resolver a su favor el problema de competencias, pero no lo consiguió. El proyecto de I. Cerdá será el que definitivamente marque el futuro de Barcelona.

El proyecto de Cerdá tenía varias particularidades que lo hacían un proyecto más avanzado que el resto. Era el fruto de una reflexión teórica sobre el urbanismo en un sentido amplio. Tenía en cuenta no sólo la mayor o menor belleza de la trama y los espacios donde se escenifica el poder (típico del urbanismo barroco), su preocupación principal era el crecimiento, la rapidez, la densidad, la vialidad. Marcó la  trama, pero también estableció las densidades máximasy la altura de las casas, este aspecto no se cumplió y la ciudad hoy es mucho más densa de lo que el planificó. Concibió el diseño de los chaflanes, innovación urbana mundial. Los chaflanes están pensados para que los vehículos de cuatro o más ruedas giren reduciendo poco su velocidad. Ahí acertó, y vamos si acertó. Sin duda veía el futuro de las ciudades como ningún otro pensador de su época. De ahí la admiración que hoy tiene la ciudad por aquel ingeniero.

El Eixample es tan grande que hoy está dividido en diversos barrios. Tres  contienen la palabra eixample: “la dreta de l’eixample”, “l’antiga esquerra de l’eixample” y la “nova esquerra de l’eixample”. Son los barrios donde nuestro club se siente identificado.


Sobre la historia del eixample ver el siguiente vídeo:
http://www.tv3.cat/videos/2594859